Instantáneas veladas

Los rayos de sol birmanos no lograron cegar la sensación de libertad y continua sorpresa que ha supuesto viajar conmigo misma como única compañera.
Nunca me gustó el oro, pero debo reconocer que el brillo de las doradas pagodas no se me olvidará. Tampoco el áspero tacto de las pétreas estructuras bajo mis pies descalzos, inalterables al paso del tiempo, albergando budas de colores en su interior.
Han crecido también mis ganas de seguir conociendo este mundo, tan diverso, tan real, tan diferente a lo que he leído en los libros o he visto en imágenes. El mundo real absorve, maravilla, asusta, agobia, cansa, fascina...inmersa y envuelta por lo nuevo y lo diferente.

Ahora sin embargo siento, como una espina clavada, el exilio bangla que tengo que afrontar.
Para encontrarme de nuevo.
Comentarios (0) - Referencias (0)