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Huellas en la memoria

Beauty Parlour Gastronómico


La cuenta atrás ha comenzado, y las invitaciones a comer a casa de mis compañeros y compañeras empiezan a multiplicarse. Esto sí que es una inmersión gastronómica y cultural; mis papilas gustativas están anestesiadas de tanto comino, cilantro, curry, chile, cardamomo, clavo y canela camuflados entre toneladas de alimentos que van empachando mi estómago y deleitando mi espíritu a través del comer.
Comer, comer. Varios platos a nuestro alrededor, los súbditos del arroz que aquí tiene tantos nombres como variantes o tipos de cocción alcance. Es el soberano de la mesa bangla, adorado y necesitado por todas las personas que cada día se nutren de él.
Pero una invitación bangla no es cualquier cosa. Aún recuerdo mi asombro al descubrir que a menudo, los que te invitan a comer no comen contigo. Miran como comes. Te ofrecen los platos uno tras otro, para que comas más, y más, y más. No es extraño si pienso que aquí siempre hay gente observando, en cualquier contexto. Y con toda naturalidad.
Y tras comer, he descubierto que el dormitorio es la sala principal de cualquier casa. En él, una cama grande y un televisor ocupan el espacio. Cuando acabamos de comer, nos sentamos en ella, como ayer, que éramos cinco, y todos sentados en la cama, disfrutando, relajados, del placer de conversar.
Ayer fue así. Terminamos de comer los invitados, y nos sentamos en la cama. Charlamos, charlamos, hasta que una de mis amigas y compañeras tuvo la gran idea de pensar que yo tenía que ir a un Beauty Parlour (salón de belleza), para que me cortaran el pelo con estilo bangla y así me llevara un recuerdo (más) de Bangladesh. La carcajada fue estrepitosa: "pero mujer, le dije yo, cuantas bangladeshis llevan el pelo como yo??.... Me miró sorprendida….Bueno –dijo- al menos ahora podemos maquillarte no?” Todos los asistentes se alegraron mucho con la idea y yo no fui menos. Tras media hora de sombra de ojos, polvorete, polvos, rimel, khol, pintalabios, perfilador (joder, nunca había utilizado tantos productos) consideraron, porque todos opinaron, que la operación maquillaje bangla había sido un éxito. “Eso sí –me dijo, muy seria- si me dejaras trabajar durante dos horas, parecerías un ángel”. Un ángel. Y lo mejor es que me miré en el espejo y me vi diferente. Con una luz especial.

Conclusión: No hay mejor maquillaje para el alma que la magia de los momentos compartidos con las personas adecuadas.

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Comentarios

  1. Hola Yolandei... que rulen esas fotos maquilladas!!!!

    Comentario de Gonzalei hace 3 años y 45 meses


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