Katmandú
Todavía siento el calor del sol nepalí, a pesar de volver a llevar el pañuelo bangladeshi. Aun tengo los colores clavados en mi pupila aunque solo veo verdes de nuevo.Acabo de regresar de pasar siete días en Katmandú y su valle. Las palabras se quedaran cortas para reflejar la experiencia vida, los sentimientos encontrados en el camino. He visto Nepal con la mirada de Bangladesh, mis ojos llevaran siempre la impronta del calidoscopio de sensaciones que me ha producido estar allí.
Día 31. Llegada al aeropuerto de Katmandú. A la salida, multitud de taxistas, ebrios? Quizás. Suena la radio en el taxi. Britney Spears. Calles oscuras. Estrechas. Es de noche. Como será esta ciudad mañana? La recepción de la Guesthouse llena de postres de dioses hindúes. Alguien duerme en el sofá. El recepcionista también estaba dormido.

Día 1 y 2. Día especial para mi, hoy nací hace ya bastantes años. La ciudad me regala un sol radiante, un te en la terraza con buena compañía. Ahora si puedo ver la ciudad de ladrillo, anaranjada y ocre, apelotonada. Me rodea multitud de macetas con plantas y flores, siento el calor en mi piel…
Bajamos a la calle. Hay rickshaws! Pero no tienen los colores de los de Dhaka. Y que duro debe ser aquí, tierra fría, pedalear con desniveles y miles de irregularidades bajo las llantas de las ruedas.
Comenzamos a caminar sin rumbo por las estrechas calles, dejándonos empapar por la vida que se recibe de ellas, por la multitud de pequeños comercios…se escucha música…huele a incienso por toda la ciudad,…Hoy a comenzado en Katmandú el Diwali Festival, la fiesta de las luces.
Entre la muchedumbre comenzamos a ver los templos, las figuras de Ganesh, Shiva, dioses con la frente coloreada de rojo…Las puertas de los edificios son pequeñas, todo es minúsculo. En cada casa hay flores amarillas y moradas, la corriente humana nos arrastra y sin saber como tengo frente a mi el primer Stupa, templo budista en una de las plazas ocultas, un templo de miles, los ojos mirando mas allá de lo que yo pueda imaginar. Y las banderas de colores, estampadas con oraciones que volaran hasta donde los dioses se encuentren, será el viento el mensajero de nuestros sueños? El cielo, siempre azul.
Visitamos Durban Square (como puede haber tantos templos en un espacio tan reducido?) En cada sitio que miro, hay un testigo inerte del paso del tiempo. Las esculturas, los edificios, ventanas de madera, picaportes de bronce, flores, miles de figuras decorando los dinteles y las columnas oscuras, todo es muy oscuro….por eso los colores destacan tanto, por eso nada es tan lúgubre como podría ser.
Que impacto, tanta vida, tantas tiendas, …al caer la tarde empiezo a sentir frío, por primera vez en seis meses siento frío y es una sensación agradable, escondida.
Tengo la suerte de tener un grupo de gente con la que compartir la cena de mi cumpleaños: comida newari, típica nepalí, sentados en el suelo, bebiendo cerveza Everest, las vigas de madera sobre nosotros….y las velas, Katmandú plagado de velas. Las entradas de cada puerta estaban decoradas con flores, tintes y velas, para mostrar a los espíritus la vuelta a casa, ya que el 1 de noviembre era luna nueva. Por eso es el festival de las luces, por eso Katmandú se lleno aquella noche de caminos de luz, de las infinitas, de pequeños espacios mágicos que ahora conservo en mi memoria.

A la mañana siguiente decidimos ir a conocer Kakali, un pueblo a 30 km de Katmandú. Buscamos el autobús apropiado….vaya, no hay sitio…..y si nos subimos al techo???? Una vez superado el miedo inicial, descubrimos una forma de viajar que se repetiría en otras ocasiones: en las alturas, con el viento de frente, rodeadas por nepalíes que no se nos quedaron mirando fijamente sino que fueron junto a nosotras con respeto y naturalidad, descubrimos el valle de Katmandú. Toda la mañana caminando, para llegar por la tarde al templo de los monos, cuyo difícil nombre tan difícil de recordar y pronunciar (como casi todos los nombres nepalíes) era Swayambunath. Infinitas escaleras para llegar hasta una stupa tantas veces vista por televisión que no era capaz de sentir que realmente me encontraba allí. Momentos mágicos vividos volvieron a mis pensamientos, al caminar alrededor del stupa haciendo girar las ruedas con oraciones. Fue tan increíble que yo creo que por eso me dio una migraña que no pasaría hasta el día siguiente. Demasiadas emociones.
Día 3. Katmandú-Changu Narayan-Nagakot. A la mañana siguiente comienza la verdadera incursión en el valle de Katmandú. Desayunamos en un templo budista con vistas al valle…resulta extraño, les veo una esencia especial, con esa túnica granate, con esos pensamientos holisticos y reconfortantes. Pero son personas, como nosotras. Caminamos hacia la stupa más grande del mundo: Bodhnath. Tras admirar su grandiosidad y dar varias vueltas a su alrededor como hacen los budistas en su meditación, rompimos el karma y el grupo casi se disuelve. Las discusiones en este tipo de viajes son habituales, demasiadas decisiones, poco tiempo, diferentes expectativas. Al final nos recompusimos y decidimos coger un taxi que nos dejo en medio del campo, y cuyo taxista señaló un senderillo y nos dijo que por el llegaríamos al templo de Changu Narayan. Tras trepar por la montaña acordándonos del poco ejercicio que hacemos en Dhaka, llegamos a uno de esos columpios de bambú que se ven en todo Nepal. Están ubicados en medio del camino, y las comunidades hacen de ellos su principal entretenimiento. Fue una ocasión perfecta para probarlo, por supuesto.
Y dejando atrás al columpio y sus gentes, continuamos la subida hacia el templo, que nos mostró, una vez más, la riqueza cultural nepalí y lo increíble de una arquitectura tan rica, de maderas talladas, de piedra esculpida.
Después de disfrutar de la puesta de sol, de sentarnos observando a los dioses de múltiples brazos, cogimos otro autobús, esta vez hacia Nagarkot. El viaje se hizo un poco largo, éramos muchos allá arriba, pero la cercanía corporal impidió que sintiéramos el frío helado de las cumbres: Nagarkot se encuentra muy cerca de la cordillera de los Himalayas, aunque bajo el cielo estrellado (infinitas estrellas, cuanta luz) no podíamos imaginar el paisaje que nos encontraríamos al día siguiente. El guesthouse se llamaba The end of the universe, y desde luego que con la oscuridad, las estrellas, el olor de los pinos, y las infinitas escaleras que tuvimos que subir hasta llegar a el, solo podíamos esperar que al menos tuvieran un espacio en el que poder asimilar todo lo vivido este día.

Día 4. Nagarkot-Sankhu-Changu Narayan-Nagarkot. Ayyyyyyy, Despertar con un frío invernal y ver la cordillera de los Himalayas, el cielo azul, los árboles y todo un día por delante para explorar! Que sensación, el frío! Y que maravilla de montañas…dedicamos el día a andar por los caminos, a cruzar pueblos milenarios, a seguir los pasos de una mujer que nos enseñó un atajo y se tiro a correr ladera abajo con su sari, toda elegante, chancletas y una gran sonrisa…y que torpeza la nuestra, y que absurdo resulta pensar que lo que para nosotros es un trekking para toda esta gente es lo cotidiano, es la forma de llegar a los sitios, es parte de su vida.
El paisaje del valle esta marcado por las múltiples terrazas que han creado en las laderas de las montanas para cultivar arroz. En la parte baja del valle las flores son otras, los cultivos son patatas (alu, como en Bangla), pero todo es tan puro, y la sensación de libertad, de poder caminar por caminar, tan grande!
La vuelta a The end of the Universe nos gratifico con la vista de la cordillera teñida de rosa y una buena sopa caliente. Ayyyyyy que increíble era aquello!
Día 5. Nagarkot-Nala-Bakhtapur
Decidimos caminar desde Nagarkot hasta Nala, un pueblo desde el cual es sencillo llegar a Bhaktapur en autobús. En el valle resulta muy sencillo caminar, los caminos son claros, la gente es muy amable. La ruta se encuentra con facilidad, y aunque también te puedes perder con facilidad, siempre hay alguien que te reorienta de nuevo.
La llegada a Bhaktapur nos pillo en muy baja forma….por favor que vergüenza ajena, esas terrible agujetas por haber caminado el 1% de lo que cualquiera de esta gente camina en una semana…terrible! El caso es que esta ciudad, patrimonio de la humanidad, es como sacada de un libro de historia. Se repiten algunos elementos comunes a todas las poblaciones del valle, pero en Bhaktapur, ciudad en la que apenas pasan vehículos, todo es ancestral, medieval, antiguo, tranquilo. Una vez más se pueden contemplar cientos de templos, algunos de los cuales pareciera que se van a caer en breve, que no van a aguantar más el peso de los anos. Pero siguen allí.

Día 6. Bhaktapur-Patan-Katmandu
Volvimos de Bakhtapur rápido, había que confirmar el vuelo de vuelta…pero eso nos dio la oportunidad de visitar Patan, la antigua ciudad al sur de Katmandú. Ya me quedo sin palabras, es tal el mogollón de imágenes que vienen a mi memoria.
Día 7. Katmandú
Nomoste Katmandú. El colapso de las tiendas hizo de las ultimas horas el único momento estresante del viaje…ojala pueda volver algún día.
Eso si, me llevo la música….me transportara allí de nuevo con tan solo cerrar los ojos y escuchar.
Comentarios (1) - Referencias (0)
Referencias
Comentarios
-
Hola,
Este verano voy a ir a La India. Estoy pensando pasar unos dias en Nepal. Si no te importa, me gustaria charlar contigo para que me recomendases una ruta concreta de 3 o 4 dias.
Muchas gracias de antemano.
LauraComentario de Laura hace 3 años y 43 meses